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Razón Sensible y Ciclo Artúrico

Razón sensible y espiritualidad creativa: el ciclo artúrico

Jorge Osorio Vargas




En dos artículos anteriores hemos desarrollado algunas ideas narrativas acerca de las posibilidades de una razón sensible y nómade en el análisis de ficciones universales como son Rey Lear y Hamlet . En este nuevo artículo queremos explorar, como parte de este nomadismo crítico, la idea de la sanación por la ficción, resignificando el enfoque junguiano desde una clave narrativa de la sensibilidad. Por ello, hablamos de desarrollar un ensayo de espiritualidad creativa Para estos efectos, es preciso señalar algunas cuestiones previas sobre el método que vamos a emplear y los límites del mismo. En primer lugar porque el análisis artúrico implica indagar sobre la narración de un ciclo mítico que ha tenido una evolución compleja desde la Edad Media hasta nuestros días. Los primeros textos medievales tanto del ciclo artúrico como de la leyenda cristianizada del Grial han sido re-elaborados en distintos momentos de la historia occidental según patrones estéticos y fines culturales diversos. Se entenderá, por lo mismo, que no podamos abordar en este ensayo siquiera una introducción a un estudio académico sobre el material artúrico Valoramos, de manera especial, los trabajos académicos que han sido elaborados según un método de análisis de textos desde un “enfoque junguiano” .


Precisando nuestro objetivo, pretendemos desarrollar un ensayo que describa un proceso de indagación en cuanto desarrollo de una “conciencia narrativa” del ciclo artúrico. Esto implica reconocer que la energía principal de este escrito es imaginativa . De esta manera queremos reconocer y relevar el valor de la “ficción” en el trabajo analítico. En esto seguimos a Jung y Hillman que hablaron de las “ficciones que sanan”, lo que en el caso de nuestro ensayo significa la acción deliberada de rescribir una historia sobre otra historia, es decir, contemplando activamente, intentando re-mitologizar la conciencia propia, en un ejercicio de des-literalización de la conciencia, liberando la expresividad espiritual en una dinámica psicológica sensible, activa, espontánea y vital


Todos los relatos artúricos y del ciclo del Grial, son textos polifónicos. En torno a los personajes de Merlín, Arturo y Morgana se estructura un complejo temático básico que da lugar al mito del rey-héroe eterno, y por extensión a los mitos del mago, de la diosa y de la tierra. Camelot, como lugar o territorio, expresa un lugar sagrado y de iniciación. La espada mágica es el vínculo entre el mundo interior y el exterior: separa, distingue, juzga. Los caballeros, en particular Lancelot y Parcival son el arquetipo del héroe y de su energía psíquica. Por último, el Grial configura una re-construcción heterológica del ciclo artúrico , poniendo, en clave cristiana, la búsqueda de la unidad como un principio de alteridad. Siendo éstos los grandes referentes de la historia, compartamos la indagación creativa que hemos realizado apuntando hacia una lectura desde nuestro propio proceso de integración espiritual .

Como resulta ya tradicional cuando exploramos los imaginarios temáticos célticos, el punto de partida es nocturno. La noche es una invitación a un encuentro con el misterio, con lo oculto, con lo indescifrable. La luna identifica los guerreros que se orientan por el fuego. El origen también refiere a una dinastía, a un vínculo con lo ancestral y la memoria. Por ello, la presencia del bosque. Fertilidad, refugio y laberinto a la vez. El bosque requiere conocer y manejar códigos para ser transitado. Esos códigos son memoriales. Dinásticos. El rey tiene siempre la fuente de su dignidad en su origen dinástico. Es decir, su majestad proviene de la historia, de un linaje que lo vincula con la tierra original. Por esta razón, en el relato, no puede existir un rey Arturo sin que existiera antes un Uther (un padre-uter), cuyo reinado representa un orden primario en un territorio caótico y aún no del todo conocido. Arturo será quien consolide este orden, cristianizado y ornamentado con toda la simbología caballeresca medieval.

Sin embargo, el significado de Uther no es menor. El representa los viejos clanes que han protagonizado la mítica guerra de los bosques. Son los mismos bosques primordiales en donde surge la imagen del fuego, que dirige a los guerreros al terreno del combate y que luego ilumina la tregua.

La tregua se consagra en el castillo, símbolo de pertenencia, de vigilancia, lugar de llegada y salida, refugio y custodia de niños y mujeres. Símbolo de la vigilancia, del dominio. Por oposición, símbolo del acoso, de la soledad y del apremio. En la fiesta del castillo dos guerreros adversarios sellan con su sangre la nueva época: de la herida emerge el orden. El reconocimiento de Uther como rey, entre sus pares, implica la aceptación de una moral de honor y la referencia del mandato a una unidad territorial y social, es decir, a un reino.

Uther es seducido por el Deseo. Lujuria le llama Merlín. Está dispuesto a poner en riesgo la propia paz, ganada en combate, por tener a la mujer del jefe adversario ya vencido. Pareciera que la paz completa sólo es posible para Uther cogiendo una mujer y haciéndola propia. Lo femenino se ubica en una referencia aún primaria: como valor de uso en patrones patriarcales. Con Uther, ni la mujer ni la espada tienen el significado arquetípico que, se le da a partir de la “ideología” del amor cortés medieval . Uther convoca a Merlín, puente entre el bosque y la nueva era, para conseguir un hechizo. Uther es travestido, por la gracia de Merlín, y, simulando ser su enemigo, ingresa al castillo para violar a su mujer. Desde una rendija, el ultraje no queda sin ser visto: Morgana vigila el acto y configura su ánimo vengador como un dispositivo reactivo a la violación de su madre.

El rol de Merlín es doble: por una parte, su moral protocristiana le lleva a increpar a Uther por su violencia y su imprudencia. Por otro lado, su carácter de reservorio de las tradiciones antiguas y preservante de las dinastías originales lo conduce a secuestrar a Arturo recién nacido, poniéndolo al resguardo de una familia postiza, a la espera de su manifestación como el rey que inaugurará la verdadera nueva era, recuperando el “origen” de la conciencia eterna que se expresará en tres elementos: el agua, la mujer y la espada. Merlín es el terapeuta de la espada, cuya descripción arquetípica han realizado Emma Jung y M.L. von Franz:

- la espada es un símbolo del amo y de su tarea de entenderse con el mundo exterior, por ello representa las funciones de la personalidad del yo.
- La espada es otorgada desde un fondo materno del inconsciente, a través del ánima, ofreciendo el arma que es necesaria para vencer al mundo.
- La espada es un arma cortante, separa y diferencia funciones del entendimiento.
- La espada rompe el raciocinio masculino arcaico y se ofrece como una vía para comprender intuitivamente los contenidos del Grial y el uso no destructivo del entendimiento.
- La espada tiene la misma naturaleza alquímica que el agua divina y la piedra: es símbolo de la divinidad oculta en el ser humano y del impulso vital que conduce al conocimiento de sí mismo .

Merlín denuncia que la espada usada para dañar ha roto el tiempo histórico; la espada en la piedra ha inmovilizado la esperanza y ha puesto al pueblo en una espera incierta y viviendo en un tiempo de frustraciones. La espada rota o cautiva es la expresión de una purgación. Es el naufragio del pensamiento en la sombra y en sus paradojas (la extrema virtud, por ejemplo, que conduce a la arrogancia del héroe) , que retarda la espera del tiempo de la manifestación “natural” del escogido, del que inaugurará una nueva majestad, un mito eterno, un reinado universal.

El personaje del rey mítico configura en el ciclo narrativo un territorio conciente, que se manifiesta en la psique de Arturo como una restauración de dos realidades claves: primero, evidenciando el origen, santuario y custodia de la espada mágica, que son el agua y la dama del lago; y, segundo, instaurando el sentido arquetípico de la espada, que es la justicia, como medio para conseguir la integración y la plena comunidad (el círculo, la plenitud). Poseer la espada (empuñadura en cruz) significa la conciencia activa del héroe poniendo en acto el darse cuenta y ejercitando los estadios o la escala que implica la búsqueda de un grial en cuanto principio heterológico. La polifonía de personajes y temáticas encuentran una clave: la espada representa una dirección, una creatividad que despliega las funciones de reconciliar la conciencia con el misterio del universo, desarrollando una imagen interpretativa total del sí mismo a la manera de una ciencia de la purificación, usando las palabras de R. Assagioli .

No hay rey arquetípico sin espada mítica. Por tanto no existe la posibilidad de que el héroe-rey pueda iniciar su camino sin ella. Iría desnudo. Es por ello que la historia artúrica tiene en la espada un punto germinal. Es un principio de acción, expresa una energía psíquica que moviliza la búsqueda. Sin ella, el rey se seca. O bien, rota la espada, el reino se deprime y se vuelve menesteroso.

Con Arturo experimentamos una invitación a un proceso de individuación. El maestro es Merlín. Uther el lujurioso había sentido el murmullo del dragón en su corazón temiendo por su vida. Arturo no necesita trasvestirse, como su padre, para amar, tampoco para reinar en el interior (castillo) y en el exterior (bosque), como caballero de paz y conjurador de dragones (de miedos y riesgos). Visualizamos que espada, agua y mujer se hacen una sola cosa y se proyectan arquetípicamente en dirección al sí mismo trascendente. La espada es el reino, su memoria y su futuro. El agua es la inspiración y el origen profundo de la vida. La mujer es el ágape y el maridaje, el orden primigenio de lo creado, de lo fértil, de lo- que- está- siendo – a- la- eternidad. Serás uno con la tierra, dice Merlín a Arturo, trazándole el camino.

En la noche del bosque Arturo amplifica sus sentidos y se “naturaliza” bajo la lluvia lunar. ¿Tienes miedo?, interroga Merlín. El temor de Uther al dragón se transforma en nuestra visualización de un Arturo que reconoce que el dragón está en todas partes, como obstáculo, como un estandarte que flaquea el proceso de individuación. Duerme, descansa en el brazo del Dragón, termina diciéndole Merlín .

Arturo le pide a Merlín ser sabio y sensato. La sentencia de Merlín es definitiva: Tú eres el rey, asume. Es preciso “asumir”, y como en todos los relatos canónicos artúricos y de caballería, el paso siguiente es el duelo. Un duelo con Lancelot. La disputa es por la ruta (escena del puente) y por la mujer que se ama. Es un duelo a tono medieval: disputa por un territorio y disputa por la soberanía del corazón. En ambos duelos la espada es la clave: hiere, hace sangrar, identifica. La espada hace héroe al rey. Y aunque Merlín ha dicho que la espada debe usarse sin ira, la furia de Arturo vuelve a romper la espada (como también sucedió con su padre) y con ello rompe la clarividencia de la ruta. Para Arturo esto significa ser presa de la duda de quién es y de qué busca, del cuestionamiento de la propia identidad y de sus misión. La furia y la arrogancia son la sombra del héroe. Nos encontramos con Arturo enfrentando las sombras a partir de la elaboración del tema de la espada rota. Esto exige un proceso de reintegración, de acumulación de sentidos, de recuperar la ruta y la búsqueda. Visualizamos a Excalibur emergiendo como el filo de una razón integradora y precisa, que es ofrecida nuevamente de manos de mujer. La integración se consigue con este encuentro personal con el agua primordial, a través de una conexión arquetípica con el inconsciente y con lo materno- femenino.

Esta reconciliación permite la paz. Pero es preciso agudizar mucho más la indagación junto con Arturo. Observa este momento, dice Merlín. Pareciera que la individuación se insinuara expresivamente: la serenidad, la sensatez, la comunidad, el círculo, la mesa de los caballeros, son muestras de esta madurez. El héroe se hace más poderoso cuando es capaz de formar su linaje, su familia, su monacato. Sólo entonces es un símbolo total, enactivo , se le reconoce no sólo como rey sino como sabio.

Pero ¿dónde está el mal?, pregunta Merlín. Lancelot se hiere y se purifica en el nombre del Padre, de San Miguel y San Jorge. Penitencia y regreso al bosque. Volvemos a Arturo: el rey está sujeto a energías contradictorias. Su proceso espiritual está contenido. Ya no es suficiente la invocación a la Trinidad: se acabó el tiempo de los dioses, le dice Merlín. Es preciso entrar en el laberinto del dragón: en el Conocimiento. El cuento del Grial es también un tipo de gnosticismo, es decir, una ciencia nacida del misterio Muéstrame el dragón, dice Arturo. Morgana conspira: daré a luz un dios. Un rayo sobre Arturo denota la devastación. La misión del círculo gnóstico es evidente: la comunión con el rey define la tarea: debemos encontrar lo perdido. Visualizamos que el proceso de individuación se ha lentificado, está confuso el entendimiento y el mundo exterior emerge como amenaza. Es preciso fortalecer el núcleo de trascendencia que está en el círculo de los caballeros y el vigor de la acción. Energía y trascendencia; unidad y serenidad. La batalla de los bosques se ha transformado en la batalla por el Sí Mismo. Ese es el Grial.

Parcival consuma el mito. Representa un principio heterológico de todo Camelot, un supra Arturo. Un Otro que surge de las fuentes del sí mismo. Que trasciende lo propio y dona su coraje a los demás. Lo baldío y la luminosidad se hacen sincrónicos. Parcival restaura toda la unidad del mito recuperando el cáliz perdido. Es la vuelta a la pregunta del ¿quién soy yo?. La respuesta de Merlín es: usted y la tierra son Uno. Ginebra- mujer-grial- le devuelve la espada a Arturo. Arturo vive para ser memoria en el futuro. Arturo es eterno. Es el Uno. Padre e Hijo se traspasan por la misma espada, la sangre del linaje recuperado restaura la unidad e inaugura un ciclo de justicia. No hay compasión sino salvación y sanación. La espada vuelve al origen, al lago. Vendrán otros rescates. Merlín y Morgana esperan su nueva oportunidad. Los magos y los alquimistas también necesitan amar.

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