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Ruptura y seduccion epocal en Nietzsche

Nietzsche, ruptura y seducción epocal.
Jorge Osorio Vargas

En este ensayo vamos a discutir la cuestión de la ruptura epocal en Nietzsche y las consideraciones culturales que de ella se desprenden. Nietzsche piensa desde un “sitio terminal”, desde el borde. En esta perspectiva se entiende a Nietzsche como un “radical” y critico de la cultura, cuya filosofía es un develamiento del “error occidental”. Vattimo lo considera como un pensador a partir de un “horizonte hermenéutico”, que articula el Nietzsche “póstumo” de Heidegger con el Nietzsche “literario”, “aforístico” y “poeta”.
La corriente post moderna francesa, Deleuze en particular, lo ha definido como un productor de fragmentos y pretendidamente también un filósofo que es capaz de “totalizar sentidos” a partir de una impestividad radical. Veamos que significa todo esto.

1. Nietzsche como “pensador de y en el borde”.

Pensador de varias máscaras, Nietzsche sigue provocando y seduciendo el pensamiento filosófico actual en su propósito de explorar los abismos de la cultura moderna. La historia de su crítica es un proceso complejo y contradictorio en su afán de dilucidar los contornos más precisos y propios de su proyecto filosófico. Los análisis sistemáticos de su obra han tendido a seleccionar el “mejor” de los Nietzsche posible según sea el enfoque del examen de su pensamiento. La dificultad de leerlo como un todo se ha manifestado en una irregular y variopinta valoración de su contribución al pensamiento contemporáneo. Tarea espinuda entonces pretender hacer una reflexión sobre las reverberaciones pedagógicas de su pensamiento.

¿Qué lectura sería lo más promisoria para rescatar la "actualidad" de Nietzsche a partir de su pensamiento enmascarado, polifacético y seductor?
Nietzsche, en Ecce Homo, nos plantea la precaución del "mal entendimiento", presagiando de este modo la polivalencia y la historia confrontativa que adquirió la evolución de su crítica. Quizás fue el mismo Nietzsche que se adelantó a la pregunta por los contornos más estrictamente filosóficos de su pensamiento. ¿Fue Nietzsche un vitalista post-romántico? ¿O un nihilista visionario? Cada una de sus "máscaras" pareciera tener sus propios textos escogidos. No es casual que existan tantos Nietzsche como críticos y analistas tuvo su pensamiento durante el siglo XX.
Lo que sí es cierto es que este Nietzsche encubridor y enmascarado con diversos ropajes ha sido capaz de colocarse en el ojo de todas las grandes tradiciones del pensamiento teórico contemporáneo; Nietzsche representa, en efecto, la figura del pensador que es capaz de asomarse de un modo extremadamente propio al abismo de la cultura moderna occidental.
Sin embargo, no nos interesa llegar a los límites del ironismo rortyano de la filosofía post-moderna, transformando a Nietzsche sólo en un artefacto desarmable y armable hasta el infinito, fetichizado en su fragmentareidad (aunque no nos deja de seducir tal opción)
Entendemos el intento de hacer de Nietzsche un icono multívoco en un contexto desacramentado intelectualmente, no obstante preferimos resguardar una lectura menos frenética y más próxima a entender su vocación de pensador. Reiteramos: no interesa leer a Nietzsche como un pensador "terminal", que ensaya una explicación de los bordes y abismos de la cultura, que pretende romper los límites de una moral teórica, que llegó a fascinar a todo individuo que quiso ser "supremo", pero que se descubre frágil y equívoco en las trincheras de la guerra de 1914.
De manera muy expresiva, Eugen Fink lo ha definido como un “hombre fatal que obliga a tomar decisiones últimas ”. Richard Rorty ha reiterado ese carácter limítrofe y terminal de Nietzsche reconociéndolo como “último filósofo ”. Heidegger lo había canonizado en 1961 como el último pensador de la historia de la metafísica .
Esta percepción generalizada de un "pensador al borde" expresa lo que ha llegado a ser Nietzsche en el imaginario cultural del mundo occidental: una negación radical del pasado, señala Fink . Si Hegel, sostiene el mismo Fink, creyó que podía dar una respuesta positiva a la historia de la humanidad occidental, Nietzsche representa, por el contrario, la negación despiadada y resuelta, del pasado .
Fink coincide con Hayden White, el autor de Metahistoria, una de las obras más importantes de la teoría historiográfica actual, en la idea de que para Nietszche la cultura occidental no es más que la historia de un error prolongado
Sin embargo, esta dimensión crítica radical a la cultura en Nietzsche tiende a encubrir su polémica filosófica con la metafísica occidental. Fink sostiene, siguiendo a Heidegger, que Nietzsche está disimulado en su rol de crítico cultural y profeta . Si reconocemos que Nietzsche tuvo tantas máscaras, quizás ha sido el desvelamiento de su perfil como filósofo el más polémico, y también el más consistente del debate sobre su obra, precisamente a partir del análisis de Heidegger. Veamos por qué

2. Nietzsche metafísico.

Para Fink, Nietzsche es un estratega del encubrimiento; esa es su autenticidad, hasta su pasión, por tanto su filosofar está escondido bajo expresiones diversas y el aforismo es el lenguaje más adecuado para manifestar su pensamiento intuitivo y encubridor. Sin embargo, la lectura “prescriptiva” que Heidegger hizo de Nietzsche pareciera colocarnos ante un ámbito nuevo en la valoración filosófica de éste. Heidegger plantea que es preciso leer a Nietzsche en relación a Aristóteles, considerándolo como un pensador metafísico: no sólo es un filósofo en el sentido técnico, sino un filósofo que centra su atención en el problema fundamental de la filosofía, el del ser. Heidegger trasciende el análisis cultural y literario de Nietzsche y lo sitúa filosóficamente.


Heidegger no des-invoca el carácter crítico y efectivo del pensar histórico de Nietzsche, sin embargo, busca una lectura más trascendental que la política y la cultural, señalando su naturaleza metafísica y, paradojalmente, plantea a Nietzsche como una culminación de la historia de la metafísica. Nietzsche no habría acabado con la metafísica al liquidar la idea platónica en un mundo trascendente de verdades eternas, según Heidegger, ya que seguiría pensando este único mundo terreno según un modelo cosificador. Nietzsche sólo sustituye el ente suprasensible por el ente sensible, invirtiendo el platonismo, pero manteniéndose dentro del horizonte de la metafísica, redefinido por Heidegger como el del olvido de la diferencia ontológica entre ente y ser.
En su obra sobre Nietzsche Heidegger se plantea la tarea de “aclarar la posición fundamental dentro de la cual el pensador desarrolla y responde la pregunta conductora del pensar occidental” (la pregunta por el ser ). Heidegger señala que “si en el pensamiento de Nietzsche la tradición anterior del pensamiento occidental se concentra y llega a su acabamiento es un respecto decisivo, entonces la confrontación con Nietzsche se convierte en una confrontación con todo el pensamiento occidental ”. Cuestiona Heidegger las lecturas que lo han definido sólo como un poeta o un crítico, como un “filósofo de la vida” que ha barrido con el pensamiento abstracto, puesto que ve en sus obras póstumas su filosofía propiamente tal, especialmente en sus escritos reunidos bajo el título de “La Voluntad de Poder”.
Heidegger sostiene que, en Nietzsche, la doctrina del eterno retorno de lo mismo se corresponde activamente con la doctrina de la voluntad de poder. Escribe Heidegger: “la expresión voluntad de poder" nombra el carácter fundamental del ente; todo ente que es, en la medida en que es, es voluntad de poder. De este modo, se dice qué carácter tiene el ente en cuanto ente. Pero con ello, de ninguna manera se responde a la primera y auténtica pregunta de la filosofía, sino sólo a la última pregunta previa. Para aquel que en el final de la filosofía occidental aún puede y tiene la necesidad de preguntar de modo filosófico, la pregunta decisiva no es ya simplemente la que se plantea cuál es el carácter fundamental que muestra el ente, cómo se caracteriza el ser del ente, sino la pregunta: ¿Qué es este ser mismo?. Es la pregunta por el “sentido del ser”, no sólo por el ser del ente; y el concepto de “sentido” está aquí exactamente delimitado como aquello desde donde y en base a lo cual el ser en cuanto tal puede revelarse y llegar a la verdad .
Si Nietzsche había sido visto como un crítico y revolucionario, poeta y profeta y una especie de filósofo encubierto, Heidegger lo sitúa como un pensador que ha sacado a la luz algo decisivo y esencial pensando el ser, es decir, la voluntad de poder, como eterno retorno: la eternidad “no como un ahora detenido, ni como una serie de obras desarrollándose al infinito, sino como el ahora que repercute sobre sí mismo ”. Pensar el ser, la voluntad de poder, como eterno retorno, “pensar el pensamiento más grave de la filosofía”, quiere decir pensar el ser como tiempo, concluye Heidegger . La teoría del eterno retorno constituye la subversión más radical del concepto de tiempo: Nietzsche transforma el tiempo en eternidad y con ello aparece lo que Heidegger identificó como el trasfondo ontológico de su pensamiento. En Nietzsche, dice Colomer, la eternidad “se transfiere de la trascendencia a la inmanencia en la forma de sinfinitud ”. Para Nietzsche ser es permanecer y de esta manera le da carácter absoluto a la realidad sensible y finita. Su intento central de constituye una inversión de la metafísica y el eterno retorno es la puesta en obra de este intento .
Para Heidegger esta metafísica sería nihilista de raíz, porque al ir sustituyendo al ser (pura proyectividad en el tiempo) por el ente (mera presencia), lo habría ido reduciendo a nada (nihil), a pura indiferencia en un ámbito de intercambiabilidad entre las cosas donde todo da igual y todo lo real como suma de entidades enteramente disponibles estaría realizado en la técnica. La metafísica nietzscheana no habría sido, según Heidegger, sino el anuncio de un mundo controlado por un poder que sin instancia crítica externa a él configura la sociedad técnica.


3, Nietzsche como filósofo hermenéutico.

Como toda síntesis mayor, el planteamiento de Heidegger sobre el pensamiento de Nietzsche ha generado un movimiento de atracción incluso en aquellas lecturas que buscan en Nietzsche un modo de pensar post-metafísico, especialmente en el ámbito de la filosofía francesa desconstructivista y en el "pensamiento débil" italiano. Es el caso de Gianni Vattimo, lector crítico de la interpretación heideggeriana de Nietzsche, el que ha sostenido que los textos nietzscheanos, con la excepción de las obras póstumas y de “madurez” que han sido reunidas, como ya hemos señalado, por los editores bajo el título de La Voluntad de Poder, desmienten a Heidegger y ponen en evidencia el carácter de “crítica cultural” que tiene el pensamiento de Nietzsche. Dice Vattimo que tanto la forma aforística de estos textos como sus contenidos (critica a la religión y a la cultura en general) justifican débilmente una aproximación ontológica y metafísica a Nietzsche como la de Heidegger . Para el filósofo italiano, el carácter filósofico de Nietzsche es mejor buscarlo bajo otro enfoque y recurre a la valoración que hiciera Wilhelm Dilthey en su obra "La Esencia de la Filosofía", de 1907 .
Dilthey sitúa a Nietzsche como un filósofo-escritor que se desarrolla en el ámbito de pensamiento abierto por Schopenhauer. Este tipo de obra intelectual se encuentra próxima, según Dilthey, “al antiguo arte de los sofistas y oradores, que Platón excluye del ámbito de la filosofía, ya que en lugar de la demostración metódica (en sus escritos) interviene la persuación. Su mirada está atenta al misterio de la vida, pero desesperan en resolverlo como una metafísica universalmente válida; la vida debe explicarse sobre la base de sí misma: éste es el gran principio que une a estos filósofos con la experiencia del mundo y con la poesía ”.
Vattimo plantea en su Introducción a Nietzsche que no se trata de eliminar el contraste entre el enfoque de Dilthey y el de Heidegger. Lo que él sugiere es buscar la afinidad entre ambos enfoques: “Un modo fructífero de leer a Nietzsche es, claro está, el que, como quiere Heidegger, ve en él ante todo un filósofo en el sentido pleno de la palabra, pero que al mismo tiempo, busca el signo particular de su posición –de pensador “final” de la metafísica- justamente en su práctica de la filosofía como “literatura” o “filosofía de la vida ”. Vattimo concluye que en Nietzsche la filosofía llega a resultados específicamente ontológicos (“o sea a enunciados relevantes sobre el sentido del ser según la más propia vocación de la metafísica”) justamente a través de un itinerario que pasa, de modo no marginal, por la crítica de la cultura, la reflexión del tipo “moralista”, el análisis de los prejuicios, la observación y la auto-observación psicológica, es decir por todas aquellas vías que hacen de Nietzsche un “filósofo de la vida”. La propuesta de Vattimo es en definitiva pensar a Nietzsche en el horizonte de la “ontología hermenéutica”, como una vía para vincular la “crítica de la cultura” de Nietzsche y su reflexión sobre la decadencia, el estudio de la existencia en su historicidad y el replanteamiento de la verdad y del ser .

4. Nietzsche como filósofo intempestivo, ironista y post-moderno.

Radicalizando el proyecto hermenéutico, Gilles Deleuze ha definido el carácter filósofico de Nietzsche a partir de la definición de una nueva imagen de pensador y de pensamiento. Para Deleuze Nietzsche sustituye los ideales del conocimiento y del descubrimiento de la verdad por la “interpretación y la evaluación”. La primera fija el “sentido” (siempre parcial y fragmentario) del fenómeno; y la segunda, determina el “valor jerárquico de los sentidos y totaliza los fragmentos, “sin atenuar si suprimir su pluralidad ”. Para Deleuze, Nietzsche es un filósofo a la manera más antigua: presocrático, artista, intérprete y evaluador del mundo. Paradojalmente sería un "filósofo del futuro" que explora los viejos mundos y crea a fuerza de recordar algo que fue esencialmente olvidado. Para hacer esta filosofía, Nietzsche no pudo sino haber tomado las máscaras del sacerdote como una extensión hipotética y utópica de sus ideas acerca del conocimiento, la libertad y el dominio , en definitiva de su intempestividad.
La filosofía de Nietzsche definida como un “pensamiento intempestivo ” ha sido para los críticos de la visión heideggeniana una manera de enseñar la limitación de ésta, puesto que desde su oficio de filósofo intempestivo Nietzsche habría derribado los grandes temas occidentales (el conocimiento, la verdad y el bien) del pedestal teórico en que la tradición los colocó durante siglos, para lograr desplazarlos hacia otras condiciones: las de la variabilidad y de la indeterminación en que el hombre occidental se ve obligado a tener que redefinir radicalmente sus preguntas y sus instrumentos teóricos .
El impacto de este tipo de lectura de Nietzsche ha significado, vía deconstructivismo, un nuevo giro: la exégesis prescriptiva de Heidegger ha dado paso a un Nietzsche post-moderno e ironista en que la invocación del juego dionisiaco de un flujo incesante de fuerzas desestructurantes basta para poner en cuestión la razón de todo fundamento, llegándose a plantear un Nietzsche extremadamente esteticista donde el valor de su obra se reduce a lo literario.

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